Cuando tú ya no haces falta, cuando el cuerpo solito se levanta, te despiertas por la mañana a la misma hora de siempre sin que nadie, ni nada te despierte, el cuerpo se acostumbra al horario de repente, sientes que te has hecho mayor, responsable, que el tiempo se escapa, y que casi no puedes atraparle. Corren tan deprisa la agujas del reloj, que quisieras que parasen en algún momento, para darte tregua, y coger impulso, ya que a veces parece que no llegas. Corre reloj, corre, a tu ritmo sin parar, tu seguirás andando, nosotros no tardaremos en parar, el día que el cuerpo pare, diga ya esta.