La ilusión nace siempre después de una férrea disciplina.
Después es necesario encontrar el equilibrio entre ilusión y disciplina.
La Ilusión nos ayuda a elevarnos como personas, y la disciplina a domar la bestia que todos llevamos dentro.
Sin disciplina jamás alcanzaremos ilusión ninguna.
El equilibrio entre ambas da lugar al crecimiento constante.
Una disciplina que no pare ilusión es una disciplina nociva para el organismo de las personas, aquí surge la anomalía, donde la ilusión se convierte en frustración donde una mala prasis con pautas inadecuadas da lugar a un conflicto que enferma, y destruye.
No es fácil identificar porque somos más bestia que humano.
La esencia humana no va con la persona, es necesario formar esa pequeña gota divina, descuida sin formación adecuada, da lugar a verdaderos monstruo.
La disciplina debe entrar dentro de las pautas formativas sanas.
Una vez que nace de esta disciplina la ilusión podemos empezar a calibrar el crecimiento, sin interposición de elementos negativos, y el equilibrio entre ambas terminará en un crecimiento personal infinito.