El imperio de los grandes, atrae a todo el mundo, y al que dice que no lo envidia.
Hemos creado un mundo con colosos, pero que de profundidad y autenticidad hay en todo ese mundo.
La fascinación de su arquitectura no debería defraudar al destripar su interior.
Deberían ser lugares donde se fabricasen personas maravillosas, que mantibieran en el tiempo todo cuanto existe sano y hermoso.
Es necesario por tanto que las personas den una buena impresión, y gual que todo aquello hermoso que nos rodea, donde lo bello sea lo deseado, sin banalizar jamás lo hermoso en congruencia con sus gentes.
El mundo ha de avanzar en ese camino, sin caer en lo antiestético, tener tiempo para buscar siempre la belleza.
Es en la belleza donde encontramos el bienestar, y trabajar por ello siempre hará de nosotros seres hermosos.
Cuidemos nuestro pensamiento, que sea tan perfecto como esas torres que se elevan hacia los cielos.
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